Adolfo Martínez Abarca

 

Artista visual, escultor. Nació en Lampa, Chile, el 3 de diciembre del año 1976.  Sus estudios formales de pre y posgrado fueron realizados en la Facultad de Artes de la Universidad de Chile, obteniendo el grado de Licenciado en Artes Plásticas (2001) y posteriormente el título de Magíster en Artes Visuales (2017). Actualmente ejerce como académico del departamento de escultura.

Dentro de sus exhibiciones individuales se encuentran: Más Corazón que Odio, Galería XS, Santiago de Chile (2014) La gente es la misma, Galería Gabriela Mistral, Santiago de Chile (2016), Resta, Sagrada Mercancía, Santiago de Chile (2017), Objetos que parecen otros, La Palmilla Oriente, Santiago de Chile (2017), Mal de ojo, Centro Cultural Iglesia la Merced, Rancagua (2019), Canciones para escuchar de lejos, Casaplan, Valparaíso (2019)

De manera colectiva ha participado en las muestras Hic sunt dracones, Museo Regional de Magallanes, Punta Arenas (2019), De Aquí a la Modernidad, Museo Nacional de Bellas Artes, Santiago de Chile. (2018-2019), Leer un rayo, Galería Patricia Ready, Santiago de Chile (2018), La Caverna, Galería Malborough, Santiago de Chile (2018). Lo que ha dejado huellas, Centro Nacional de Arte Contemporáneo Cerrillos, Santiago de Chile (2017).

Su trabajo ha sido parte de ArtLima (2018), Ch.aco (2016) y ArteBa (2010).

Sobre mi trabajo

La reforma y contrareforma agraria en Chile son ejes esenciales en mi investigación artística. Este punto de inflexión histórico, acaecido durante los años 60 a 80 del siglo XX en Chile, se constituye como un antecedente biográfico importante en mi obra: junto a mi familia he sido testigo de los procesos de transformación y aculturación del campesinado en zonas rurales, particularmente en la zona central del país, los que se han venido a constituir en parte importante de mi imaginario.
Esta reflexión que podría resultarnos localista e incluso extemporánea, paradójicamente es un signo que refiere y se hace parte de una transformación que es perceptible no tan solo en forma local, sino global. El cambio de paradigma que opera surge como consecuencia de un modelo económico que promueve el individualismo en tanto forma de progreso y desarrollo, suspendiendo, precarizando y estandarizando diversas formas de vida y su cosmovisión. El crecimiento acelerado de zonas industriales y el cambio de suelo agrícola ha traído, también y por defecto, la transformación del paisaje, que se hace patente a través de la desaparición de humedales y especies endémicas, la privatización de recursos hídricos, la proliferación de monocultivos y una sequía permanente. 

El diagnóstico es crítico. Sin embargo, existen zonas vitales que aún sobreviven y que cautelan el lugar de lo humano, asuntos cifrados en la cultura popular y por ende, en la relación entre los sujetos. La observación y participación en estos lugares de resistencia me permiten identificar aquellos signos culturales que, entremezclados con mi propia subjetividad, se traducen en la elaboración poética de un imaginario que se manifiesta en distintos soportes y técnicas, como lo son el ensamble de objetos, el diseño de artefactos, la fundición en metal, fotografía, escultura e instalación, incorporando desechos u objetos encontrados en este espacio suburbano sincrético, animista, del todo enigmático.